sábado, 18 de enero de 2020

Se sabe

Vine a este café buscando valentía,
no lo conseguí, se sabe,
los cobardes siempre esperamos
al golpe de suerte que nos salve.

jueves, 2 de enero de 2020

Imposibilidad

Quise describirte
nombrar la emoción
hablar de esto
narrar cómo/cuándo
o si ocurrirá.

Traté de poner palabras
deletrear tu voz
explicar lo que tú
lo que en silencio yo.

Intenté reseñar
el sentimiento
no fue posible
no hay forma
no existe nada que describa
esto
justo esto
en el borde de mis ojos
el brillo
la incandescencia
la pequeña llama
que enciende
todo el espacio en el que habito.

Quise describirte
no podría
simplemente
solamente:
Eres.

miércoles, 1 de enero de 2020

¿Por qué siempre quiero correr?



Quiero correr en momentos en los que lo ideal sería caminar; caminar muy lentamente, dar pasos breves, cuidar bien en dónde piso y no caer, procurar no caer; pero en lugar de tomar todas esas previsiones mi mente me ordena acelerar, empezar a trotar para luego correr, dando tumbos, perdiendo total conciencia del suelo que piso y con el riesgo de salir herida leve o gravemente. 
Y lo curioso es que a veces prefiero las raspaduras con tal de estar en el final, con tal de tener ya la certeza de lo que está pasando sin importar las heridas, ni lo precipitado y absurdo de la carrera.
Medito sobre esto porque deseo ser paciente; necesito ser paciente; realmente quiero caminar, realmente deseo ser capaz de esperar a que sea el momento exacto para caminar; realmente no quiero salirme de ese camino no importa cuánto tiempo me tome recorrerlo, y me pregunto, ¿lo lograré?

lunes, 2 de diciembre de 2019

Derrota.

Desde el viernes he tratado de escribir este post, le he dado vueltas una y otra vez en la cabeza, pero la ansiedad, mi ansiedad, no me ha permitido poner en orden mis ideas, y puede ser que incluso ahora no consiga expresar lo que deseo.
Podría detallar todo lo que me llevó hasta esto y narrar cómo tuve un ataque de ansiedad el miércoles; o cómo no he podido desprenderme de los síntomas en más de una semana; podría hablar de mi insomnio o de las ganas de llorar que, a ratos no puedo contener; podría hablar de todas y cada una de las cosas que me llevaron a este punto en mi vida; de todo el caos y el derrumbre y la incertidumbre de estos días; pero no, los detalles en este caso son irrelevantes; porque la verdaderamente importante en todo esto es que, al fin, lo he aceptado: la ansiedad no es nueva para mí, es algo que me ha acompañado toda la vida y a lo que, tristemente me acostumbré.
Tuvieron que pasar todas estas cosas para al fin asumir que no, lo mío no son "síntomas de ansiedad"; "rasgos de ansiedad" o "tendencia a la ansiedad", es simple y llanamente: ansiedad. La padezco desde siempre, vivo con ella a diario y no me he hecho cargo por estar atendiendo a otros; por estar tratando de controlar todo; por querer ser fuerte y autosuficiente; por pasarme la vida cuidando a los demás y descuidándome a mí. Ahora soy capaz de verlo, siento ansiedad cuando tengo que hablar con personas que no conozco; ansiedad cuando conduzco; cuando tengo que hablar enfrente de otros; cuando tengo que hacer llamadas telefónicas; cuando pienso en catástrofes; cuando siento amor; cuando temo perder; cuando las cosas no salen como deseo; cuando no puedo dormir; cuando temo no volver a estar bien; cuando tengo que hablar de mis sentimientos; cuando no quiero herir los sentimientos de los demás; cuando quiero ser buena persona; cuando no quiero fallar; así podría continuar por un buen rato, identificando todos los momentos de mi vida en los que ha estado presente. 
Ha sido un shock tremendo asumir todo esto, dejar de minimizarme y decir que lo mío "no es nada comparado con lo que otros viven", pero es falso, quizá la única razón por la que no vivo ataques de pánico regularmente es porque aprendí a bloquearme y a mantener a raya esa angustia, pero definitivamente no ha sido una inquilina fácil. Ser psicóloga a veces solo vuelve más difícil la aceptación de algunas cosas, en este caso lo ha sido, porque me ha impedido notar que seguir funcionando no necesariamente significa ser funcional, y no estoy siendo, por ahora, funcional. 
Entiendo al fin lo que la psicoterapia nos hace a los humanos quitando los soportes en mal estado y dejando por un momento que la estructura se tambalee; que inmenso miedo de caer, ¿no?, hace parecer que estábamos mejor antes cuando todo estaba perfectamente desequilibrado y mal. Estoy tambaleándome desde que empecé la terapia, estoy al borde de la caída una y otra vez, pero, por extraño que parezca, por primera vez siento que estoy avanzando, que estoy soltando los soportes que debí haber soltado hace muchos años, ¿que si prefiero esto?, lo prefiero, si he de caer, que sea intentando conseguir cimientos diferentes, cimientos sanos; que sea aceptando que yo, que yo también necesito ayuda.

Luminosidad de viernes




Viajamos
buscando un lugar oscuro
donde esconder a la tristeza
bajo llave
amordazada
invisible.
Viajamos
lejos
cada vez más lejos
a sitios baldíos
donde la ansiedad
no se desborde
no nos vacíe
no nos golpeé.
Y aquí estoy,
en el sitio más luminoso
con el sol en pleno rostro
esperando
que se desvanezca todo.


Es marzo otra vez

 Es marzo otra vez. Se acumuló la vida. La ansiedad siguió. El home office terminó por agotarnos. Odiamos a los idiotas del Covid. Sentimos...