miércoles, 1 de enero de 2020

¿Por qué siempre quiero correr?



Quiero correr en momentos en los que lo ideal sería caminar; caminar muy lentamente, dar pasos breves, cuidar bien en dónde piso y no caer, procurar no caer; pero en lugar de tomar todas esas previsiones mi mente me ordena acelerar, empezar a trotar para luego correr, dando tumbos, perdiendo total conciencia del suelo que piso y con el riesgo de salir herida leve o gravemente. 
Y lo curioso es que a veces prefiero las raspaduras con tal de estar en el final, con tal de tener ya la certeza de lo que está pasando sin importar las heridas, ni lo precipitado y absurdo de la carrera.
Medito sobre esto porque deseo ser paciente; necesito ser paciente; realmente quiero caminar, realmente deseo ser capaz de esperar a que sea el momento exacto para caminar; realmente no quiero salirme de ese camino no importa cuánto tiempo me tome recorrerlo, y me pregunto, ¿lo lograré?

lunes, 2 de diciembre de 2019

Derrota.

Desde el viernes he tratado de escribir este post, le he dado vueltas una y otra vez en la cabeza, pero la ansiedad, mi ansiedad, no me ha permitido poner en orden mis ideas, y puede ser que incluso ahora no consiga expresar lo que deseo.
Podría detallar todo lo que me llevó hasta esto y narrar cómo tuve un ataque de ansiedad el miércoles; o cómo no he podido desprenderme de los síntomas en más de una semana; podría hablar de mi insomnio o de las ganas de llorar que, a ratos no puedo contener; podría hablar de todas y cada una de las cosas que me llevaron a este punto en mi vida; de todo el caos y el derrumbre y la incertidumbre de estos días; pero no, los detalles en este caso son irrelevantes; porque la verdaderamente importante en todo esto es que, al fin, lo he aceptado: la ansiedad no es nueva para mí, es algo que me ha acompañado toda la vida y a lo que, tristemente me acostumbré.
Tuvieron que pasar todas estas cosas para al fin asumir que no, lo mío no son "síntomas de ansiedad"; "rasgos de ansiedad" o "tendencia a la ansiedad", es simple y llanamente: ansiedad. La padezco desde siempre, vivo con ella a diario y no me he hecho cargo por estar atendiendo a otros; por estar tratando de controlar todo; por querer ser fuerte y autosuficiente; por pasarme la vida cuidando a los demás y descuidándome a mí. Ahora soy capaz de verlo, siento ansiedad cuando tengo que hablar con personas que no conozco; ansiedad cuando conduzco; cuando tengo que hablar enfrente de otros; cuando tengo que hacer llamadas telefónicas; cuando pienso en catástrofes; cuando siento amor; cuando temo perder; cuando las cosas no salen como deseo; cuando no puedo dormir; cuando temo no volver a estar bien; cuando tengo que hablar de mis sentimientos; cuando no quiero herir los sentimientos de los demás; cuando quiero ser buena persona; cuando no quiero fallar; así podría continuar por un buen rato, identificando todos los momentos de mi vida en los que ha estado presente. 
Ha sido un shock tremendo asumir todo esto, dejar de minimizarme y decir que lo mío "no es nada comparado con lo que otros viven", pero es falso, quizá la única razón por la que no vivo ataques de pánico regularmente es porque aprendí a bloquearme y a mantener a raya esa angustia, pero definitivamente no ha sido una inquilina fácil. Ser psicóloga a veces solo vuelve más difícil la aceptación de algunas cosas, en este caso lo ha sido, porque me ha impedido notar que seguir funcionando no necesariamente significa ser funcional, y no estoy siendo, por ahora, funcional. 
Entiendo al fin lo que la psicoterapia nos hace a los humanos quitando los soportes en mal estado y dejando por un momento que la estructura se tambalee; que inmenso miedo de caer, ¿no?, hace parecer que estábamos mejor antes cuando todo estaba perfectamente desequilibrado y mal. Estoy tambaleándome desde que empecé la terapia, estoy al borde de la caída una y otra vez, pero, por extraño que parezca, por primera vez siento que estoy avanzando, que estoy soltando los soportes que debí haber soltado hace muchos años, ¿que si prefiero esto?, lo prefiero, si he de caer, que sea intentando conseguir cimientos diferentes, cimientos sanos; que sea aceptando que yo, que yo también necesito ayuda.

Luminosidad de viernes




Viajamos
buscando un lugar oscuro
donde esconder a la tristeza
bajo llave
amordazada
invisible.
Viajamos
lejos
cada vez más lejos
a sitios baldíos
donde la ansiedad
no se desborde
no nos vacíe
no nos golpeé.
Y aquí estoy,
en el sitio más luminoso
con el sol en pleno rostro
esperando
que se desvanezca todo.


lunes, 25 de noviembre de 2019

Sanar

No, nos gusta el dolor, el dolor físico y mucho menos el dolor emocional; y queremos soluciones rápidas; remedios mágicos y que el tiempo borre de tajo todo lo vivido; pero sanar no es eso, sanar implica que va a doler, que va a doler mucho; que habrá muchas noches en las que no se podrá conciliar el sueño sin haber antes llorado; que habrá días en los que el nudo en la garganta no te deje respirar, pensar o vivir; que habrá ansiedad, tristeza y, a veces, ganas de ya no estar. Sanar implica recaídas, una, dos, muchas recaídas, y nuevas lágrimas y nueva furia; sanar significa comprender que lo que vivimos, que lo que estamos viviendo tiene un sentido, aún y cuando no alcancemos aún a comprenderlo.

Me tomó 12 meses empezar a sanar; me tomó 12 meses decidir que ya era hora de empezar a sanar; quería remedios rápidos y esos remedios sólo infectaron más mi herida; quería apaciguar el dolor y esos sedantes solo añadieron más dolor; quería no sentir y sólo conseguí ser más vulnerable; 12 meses de mi vida para tomar una decisión que desde el principio supe que necesitaba tomar; no pude hacerlo sola; necesitaba apoyo, ayuda profesional, "darme cuenta", aceptar.

Pienso en todas aquellas personas que allá afuera están intentando sanar y que incluso me preguntan por remedios para estar mejor; solo puedo decirles: no hay remedios, no nos queda más que vivir el proceso, no nos queda más que, al final de todo, buscar lo positivo o por lo menos el aprendizaje de todo lo que estamos pasando.

¿Quisiera que mi proceso no hubiera durado tanto y no hubiese dolido tanto? Sí, pero comprendo que todo tiene un tiempo y que algo bueno saldrá de todo eso.

Dice Jorge Drexler: "tu corazón va a sanar... y va a volver a quebrarse, mientras le toque pulsar", y lo acepto, estoy cansada del ¿por qué a mí?, porque no soy la única; estoy cansada de intentar acomodar todo; acepto, mejor, que incluso el caos tiene belleza y tiene sentido; que aún el corazón, propenso a quebrarse, tiene derecho a volver a latir y a volver a creer y a volver a sentirse esperanzado.

Sanar, quizá es eso, volver a sentirse esperanzado, y libre, y pleno.

Huir es otro verbo

Uno siempre está a punto de cruzar un frontera
de dar el salto
el último
el definitivo
uno siempre está huyendo
fingiendo que no huye
y, sin embargo,
los pasos siguen
los pasos viajan
los pasos acercan
al lado más impenetrable de la luna.

martes, 19 de noviembre de 2019

Correr es un verbo, y duele





Uno no puede correr por mucho tiempo.
El más leve roce se vuelve escalpelo.
El más leve roce
el leve roce.
No saber si estoy llegando
o si la lenta teatral absurda huida continúa.
Sobre las baldosas un grillo canta.
Es la estación del año en la que todo está perdido.
¿Qué sabemos del perder?
¿Qué sabemos del escalpelo?
¿Qué del más leve/ínfimo roce?
Uno no puede correr más allá del tiempo
perpetuar la huida
el leve/absurdo roce
el golpe del pie al caer al piso
el balance
la curvatura/arco del pie/de esta historia
en la que el escalpelo el golpe el roce no significan nada.
Uno no puede pasarse la vida huyendo
abriendo-cerrando
puertas que no
abriendo-cerrando
ventanas que no.
El más leve roce
la sangre que escurre escuece anega
la teatral huida
del que estaqueado a mitad de la nada
cree que se ha salvado.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Adele


Sonaba una canción de Adele
y yo sentía que mi corazón estaba roto
"No olvidaré esta canción", pensé,
y en el justo instante en que preparaba mis memorias
un movimiento de tu mano presionó el  >|.
La canción se perdió en la noche
mi corazón siguió latiendo
pero una grieta guarda tu nombre.

Es marzo otra vez

 Es marzo otra vez. Se acumuló la vida. La ansiedad siguió. El home office terminó por agotarnos. Odiamos a los idiotas del Covid. Sentimos...